miércoles, 10 de diciembre de 2014

PUES ESO O VA PARA LARGO



Pocas sorpresas el pasado domingo. Al menos a este lado de las vallas que rodean el Congreso. ¿Que ya las han quitado? Eso es que no lo ha mirado como debe. El Congreso continúa vallado, tanto como Ceuta y Melilla. El fin de semana pasado se reunieron un millón doscientos mil refugiados políticos de la etnia democrática "quenonosrepresentanqueno" e intentaron el primer salto de la valla. Parece que cinco lograron pasar. Es de esperar que sean muchos más los que se concentren para intentar el próximo salto en municipales y autonómicas. Son las consecuencias de ver que "sí se puede". Para Podemos, la gran visibilidad que da la ocasión de las Elecciones Europeas (baja participación) es clave para las elecciones de después. Ahora están, son una referencia y en la posición ideológica correcta para crecer entre los indignados, los desahuciados y los por desahuciar.

El hueco estaba entre IU y PSOE. En realidad no era un vacío. Estaba lleno de voto oscuro a las encuestas y que ahora brilla con la novedad de un partido que dice lavará más blanco. Podían haberse abstenido. Podían haber votado en blanco o nulo. Por poder, votaron Podemos. En realidad la gran promesa de Podemos es "ILP" al poder. Hasta ahora, las Iniciativas Legislativas Populares, como la dación en pago, llegaban al Congreso y terminaban desnaturalizadas, al modo de la famosa colza. Era muy triste ver que las ILP (la voluntad popular) son bichitos tan pequeñitos que si se caen de la mesa del Congreso, se matan.

Me admira escuchar al portavoz Alonso explicando que los españoles no apoyarán a Podemos cuando vean que no son "serios y responsables". No sé en qué estaría pensando. ¿Piensa que los españoles estamos buscando un "novio" como debe ser?¿De esos que impiden la dación en pago, protegen la corrupción de sus colegas hasta el último aliento, se suben a los consejos de las mismas empresas que regularon y hacen todas esas cosas serias y respetables que terminan, si se hacen públicas, vistas para sentencia?

Rosa Diez está muy mosqueada. En su opinión, Podemos tiene muchos puntos en común con Le Pen hija. Ella esperaba el ‘subidón’ de la abstención. PP y PSOE habían apostado en la campaña por el mínimo más alto. La estrategia tradicional por la que los dos mayoritarios esperan mucha abstención, pero estiman que sus suelos están en condiciones competitivas. El PSOE apostaba por el "borrón y cuenta nueva" con castigo al PP, y el PP por la reconocida resistencia de sus electorados, forjados en el antisocialismo de los 90. Por eso asistimos a la no campaña. Pero creció la masa votante y le quitó el titular. Ella que ya se veía la reina de la fiesta de la abstención. Tiene, pero esperaba más, mucho más. El tiempo pasa, la novedad queda fuera de temporada y por más que se esfuerce UPyD en ser la promesa de la regeneración política, ya esta retratada entre PSOE y PP. En ese espacio, Ciudadanos y otros le pelean el oxigeno electoral. La edad, a los partidos, les saca arrugas ideológicas y electorales. Como a todos.

Esta ocasión me deja perplejo en lo conceptual. Viendo mítines por la televisión, parece que son maquetas de sus hermanos mayores, en las plazas de toros. Y ya no sé. ¿Dónde la espalda pierde su honesto nombre? ¿Dónde un honesto mitin se convierte en espalda y pierde su nombre? ¿Para qué pedir ir a votar, dando gritos, a los cinco que ya se molestaron en hacer corrillo, y que seguro, seguro que irán? ¿Es para dar excusa y "corte" en el telediario? ¿Es un mitin o un plató? Pues si es un plató, no le llamen amor. Llámenle sexo. Es en lo que queda la erótica del poder cuando es una cuestión de técnica y no de emoción.

Ahí está el quid de la cuestión. Los líderes del PP y del PSOE invocan mediante ritos sin significado, a dioses y espíritus que hace tiempo ya no acuden. Les pasa exactamente lo mismo que a la iglesia católica en España. A los partidos mayoritarios y a la iglesia les queda el rito, la institución, el poder y los recursos económicos. Pero hace tiempo que olvidaron las almas. ¿Recuerdan el mitin del campus de Moncloa en 1982? ¿La Puerta del Sol en Madrid 2011? Es la clave de Podemos. Promete devolver a los españoles y a las instituciones el espíritu de la democracia. Comparando con las reacciones sociales fascistas que se extienden por Europa, la amenaza española de más democracia casi es de agradecer.

Al final, gran parte de los problemas políticos que vivimos son producto de un diseño institucional obsoleto. El factor humano siempre será el factor humano, pero al igual que en los aviones, la ingeniería institucional está para eso, para evitar catástrofes. Tan fácil como por norma legal separar a los imputados temporalmente de sus cargos, regular estrictamente la puerta giratoria, limitar aforamientos y amnistías, ampliar los plazos para la prescripción. En definitiva, lo mínimo que pide el sentido común. A menos que seas un político serio y responsable, que diría Alonso.

En el PSOE algunos continúan mareando la perdiz. Insisten en no querer saber. Unos vuelven al rito de las primarias (obligado te veas) mientras otros, como Bono, invoca un caudillo que les lleve a la victoria (obligados los veas). En fin, algún día descubrirán que muchos de sus grandes "saca pecho" han quedado para consumo interno. Un ejemplo. Con todas las limitaciones, con todos los problemas, con todos los obstáculos, con todos los "porronponperos", defender la igualdad de mujeres y hombres está muy bien. Pero para millones es ya el día a día. Es prácticamente lo socialmente deseable. Hay sin embargo toda una parafernalia discursiva, heredada de las promociones internas de Zapatero, dónde quieren hacer políticamente especial lo que ya hace tiempo es socialmente normal. Defender la igualdad es lo básico en un partido de izquierdas. Tan evidente, que no da para presumir. Seguro, seguro, que malinterpretan o no saben a qué me refiero.

En fin, ya se inventarán algo para convencerse de que el problema es "la desafección política de los españoles". Esa misma desafección que llevará "a hombros" hasta la puerta del Congreso a partidos como Podemos. Pueden encargar una encuesta sobre a quién prefieren los desahuciados (potenciales o impotentes) como Ministra de Vivienda, a "Mama ya soy ministra" o Ada Colau. Por ese camino hemos venido. Y por ese camino hay quienes se irán. Se llama Podemos, pero podría haber sido cualquier otro. Promete ser la voz de esos otros españoles que a nada tienen derecho, porque no tienen un partido con un ex diputado dentro (del consejo de administración). Mal harán si solo se fijan en el nombre. Ya lo decía Shakespeare por los labios de Julieta. Lo que importa no es el nombre. Es el espíritu que te lleva. Así, digamos PSOE. ¿Qué aliento te alimenta? Una pregunta tan elemental que no llega a primaria.

NI MÁS NI MENOS



Hay quien piensa que la normalidad es un punto de vista. Nada más lejos de la realidad. La normalidad es una actitud que se llama resignación. Y en esa estamos los europeos del Sur, con una excelente actitud. La semana pasada, en el Congreso de la Asociación Portuguesa de Sociología, se celebraban los cuarenta años del 25 de abril. Reconozcamos que fue un momento Warhol el de usar los fusiles como floreros. Como fueron por delante, y en eso de las revoluciones siempre vamos con retardo, entre charla sobre deterioro social y alienación, pregunté qué sonaba en el horizonte. ¿Volvería Grandola Vila Morena al Hit Parade o no se la esperaba en el Top Ten? Por lo que me llegaron a contar, clavelitos está mejor colocada y para floreros ya hay opciones. Lo mismito que en España, les observe. Entre tunos y tunantes sonando, estamos de lo más normal.

Era algo que estaba en el guión, pero en el siguiente capítulo. Reconozco que lo sabía pero no lo esperaba. No lo pensamos. Martin Niemöller lo dijo a lo Brecht. La dualización, tan mencionada, tan documentada, cada vez más evidente y real, escondía una verdad terrible. El dejar caer, el justificar, el no importar. El tomar partido por la supervivencia de clase. La normalidad que todo lo ocupa hasta desalojarte, como en La Casa Tomada, de Julio Cortazar. Un rector amenaza a los estudiantes que bloquearon los accesos en una huelga. Un día. No hubo contenedores quemados, ni persecuciones, ni heridos, ni calles cortadas... Nada. Solamente protestar por la subida de tasas, el recorte de las becas, el deterioro real y abrumador de la educación pública, la expulsión social de tantos jóvenes sin futuro y ya sin presente. Amenaza en la prensa con sanciones económicas por alterar la normalidad académica e impedir que aquellos que querían estudiar no pudiesen hacerlo. Ya avisan de cambios normativos para que los que protestan sepan a qué atenerse... En una universidad, pública, maltratada y ninguneada por el poder de derechas como pocas otras. La normalidad será, aunque sea para los últimos que queden ensimismados.

Exactamente el mismo reflejo en el espejo oscuro de la política sancionadora de la derecha más claustrofóbica. En ese momento, ya lo vi venir todo por la calle del futuro: los desahuciados se endeudaron ellos solitos, los estudiantes malos, con malas calificaciones, no deben estar en la universidad. Seguro que son vagos y mala gente, de los que miran mal y visten peor. Los salarios basura es lo que hay. Los que protestan son delincuentes y alborotadores. Los inmigrantes que no puedan pagar médico, pues ya saben dónde está la frontera. Y da igual si es entre la vida y la muerte o la que te lleva al "duty free". Todo cada vez más normal. Tantas cosas de la democracia, la de verdad, se han arrojado al trastero, como trapos viejos junto a las viejas argumentaciones: Los republicanos antipatriotas y los federalistas antiespañoles. Es un ejemplo. Lo que sucede es que, a este paso, los muebles de la democracia, al completo, puede terminar en el trastero. Eso sí. Tendremos las instituciones de la democracia limpias y brillantes. A punto de revista de la Comisión Europea, el FMI o nuestro amigo americano, venga solo o acompañado. Serán como ese "salón-comedor" que existe en tantas casas, donde nadie come ni nada habita. Solamente las mejores fotos, los muebles más brillantes, el decoro más absoluto.

La campaña ya está aquí y si despierta en el ciudadano medio la misma nausea que me provoca a mí, volverán las golondrinas en el blanco sus votos a colgar. Al menos no irá en beneficio de los partidos de oportunidad, que se crecen aún más en las ausencias. Pero el desfile de candidatos de siempre, con los argumentos y las urgencias de siempre... la misma historia, mal contada y cada vez peor representada. Todo es tan extrañamente normal. Hay quien piensa que la normalidad es un punto de vista. Nada más lejos de la realidad. La normalidad es una actitud que se llama resignación.

CHI VIVRÀ VEDRÀ



Adolfo Suárez por fin descansa. Fue un político que hizo mucho más de lo que se esperaba de él, y de ahí su grandeza. No todo fue bueno. No todo fue perfecto. Pero, como Sinatra cantó, hizo lo que tenía que hacer y lo hizo a su manera: haciendo democracia al negociar. En ese periodo democrático a media luz, qué terminó en 1982, la política de Suárez estuvo más tangente que nunca de la práctica en las mejores democracias: las democracias consensuales. Esa autenticidad brilla más, dado que después casi desapareció en la política española. Llegaron décadas con alguna borrachera de carisma y políticos de resaca navegando bajo banderas de conveniencia. Mucho de comedia, esperpento y exageración. Suárez es el sentimiento trágico de la vida. Dio pasos contados, pero muy rápidos y largos. El destino, eso que no existe, evitó que la vida pública ajase su brillo. Parafraseando la película de Nicholas Ray (Knock on any door), "Vivió rápido, murió políticamente joven y nos ha dejado un precioso recuerdo". Suárez por fin descansa, y ahora estamos más solos que nunca, rodeados de fantasmas.

La tradicional desconfianza de los políticos hacia los españoles es cada vez más aguda. Los españoles, sus necesidades y exigencias molestan. Las razones de Estado, la alta política, los intereses del país, son metáforas que esconden una realidad tan mezquina que duele. La desafección de los políticos por la política es cada vez más intensa. Su máxima aspiración son las mayorías absolutas: un estado perfecto de no-política. La política es negociación, buscando el punto medio que da el equilibrio. Tenemos unos políticos que desconfían de los ciudadanos, y que aspiran a "pequeñas dictaduras" de cuatro años. Ahora vivimos el último ejemplo.

Lo de Rajoy y su Gobierno es peor que la peor pesadilla que imaginarse pudiera. Nadie en su sano juicio hubiese pensado ese regreso de Dios, la Patria y tantos otros valores de destrucción masiva. Todos juntos, campando bajo la mirada de un Rajoy del que sabemos por qué calla. Está muchísimo más guapo, electoralmente, callado. Las protestas se etiquetan desde el principio con verbo franquista: grupúsculos (curiosa palabra que daría para una tesis) violentos o jóvenes con antecedentes (los ficharon en la anterior manifestación). Y, evidentemente, van a más, conforme la crisis continúa y la respuesta de la derecha es amordazar a quien protesta. Lo de siempre y que ya vivimos: la policía (trabajadores públicos al fin y al cabo) y los jóvenes se parten la cara y la cabeza en las calles. Hay un paralelismo curioso entre esos policías cuyos mandos dejaron solos y rodeados, y los jóvenes que les rodeaban, a los que también han dejado solos y abandonados en las cunetas de tantas carreras.

Y en este mundo dónde la seguridad levanta banderas y barricadas se culmina una fase. En lo que las tendencias mundiales apuntan, una de las principales tensiones políticas son el nacionalismo y el localismo. Es una fuerza motriz que corta en blando: trasversal a las clases sociales, con empresarios y obreros de la mano. Superada la cleavage principal, que es la dominación socioeconómica, la lucha identitaria campa por doquier. Además, tiene su aquel progresista y romántico. ¿Quién no quiere ser un Lord Byron con faldita corta, luchando por la independencia de Grecia? Bueno, yo no. Pero para mí, si fuera nacionalista, sería el no va más. Es una de las ventajas de ser nacionalista: siempre tienen a mano ropas muy exóticas y bordadas, aunque debemos reconocer que no siempre sientan bien. Todo hay que decirlo. Y así en Escocia, el Véneto, Cataluña y todo lo que vendrá. Es maravilloso este capitalismo financiero transnacionalizado que, por si acaso, no le vienen mal Estados cada vez más pequeños, fragmentados y excluyentes. Balcanizar el mundo. Justo lo contrario de Orwell (con los grandes bloques inspirados en la época). Parece una pesadilla de la historia: ¿avanzaremos hacia un capitalismo internacional con una expresión política feudal?

Ucrania es el punto de inflexión. Pero, antes, permítanme que estire un poco las neuronas. Yo me preguntaba (a lo Burning), qué hacen algunos países postcomunistas en un sitio como este, en la Unión Europea. Muchos de ellos son anocracias dominadas por élites económicas, con inestabilidad, corrupción y tensiones antidemocráticas continuas. Los datos dicen que, en el mundo, las anocracias han pasado de ser unas veinte a más de cincuenta. Y entrar en la Unión Europea, con lo que nos costó a los del sur. Nos costó la leche en cuotas, como mínimo, y Marín lo sabe. La Unión Europea era sinónimo de club de los demócratas "guais". Algo perfecto para el club de las dictaduras muertas (Grecia, Portugal y España). Por eso, todos estos países post, ingresando a las bravas, sin reconocer el acervo europeo y tomándose el medioambiente a chicota y muchas cosas más...

En su momento, ingenuamente pensé que era una cuestión de mercados. También una cuestión de potencia europea. En algún documento de los 90 se preguntaban, ¿dónde termina la Unión Europea? ¿Es un concepto geográfico o político? ¿Acaso Israel no está ya en Eurovisión? Había quien proponía que una cosa era la Europa geográfica y otra la Unión Europea dónde no se ponía el sol. Podíamos crecer hasta más allá. Mientras nos dejaran...

Desde el punto de vista de la Federación Rusa, las incorporaciones masivas a la Unión Europea fueron realmente anexiones en caliente con cobertura demócrata. Su efecto, cercar y limitar el área de influencia rusa. Ahora en Crimea le han tocado los bemoles. Ya veían venir la anexión de facto, mediante acuerdos comerciales, políticos y de esas cosas. Y para anexionártela tú, me la quedo yo. Sobre todo estando los barcos en el agua. Las ampliaciones de la Unión Europea hacia los post no eran solamente apoyo a las democratizaciones. Era geopolítica pura y dura. Y en esa lógica global, la propia Unión Europea paga las consecuencias. La fragilidad del sistema político es muy elevada (en Bulgaria, Rumanía, Hungría, etc.). Su peso en el Gobierno de la Unión Europea relevante (¿Recuerdan los episodios con los hermanos polacos?) Las barreras a la movilidad intraeuropea (la joya de la corona de la Unión) se excusan en búlgaros y rumanos. Ahora que ya pagamos las consecuencias, solamente quedan las incorporaciones precipitadas de los Estados balcánicos. No sea que les dé por pedir asilo en Rusia...

MUCHO RUSO EN RUSIA



Ucrania tuvo que ser, con su Crimea plateada. Ahora, más que el muro (de Berlín) importa el muro (de Facebook). Estados Unidos está en campaña por sus libertades, que no permite que se tomen otros (excepto, claro está, Israel). Expone un listado con todas las falsedades que argumentan “los rusos” para intervenir en Ucrania. Lo han hecho rápido y fácil. Ya tenían la plantilla de cuando la intervención en Iraq. Son las ventajas del rodaje. Lo cierto es que lo único muy claro es que Rusia quiere volver, que Estados Unidos prefiere usar Brumel y arrimarse en distancias cortas para evitarlo y que la Unión Europea… ¡Ay! “Que se joda la UE”. La Unión Europea se encuentra entre la espada y la pared.

Digresión. Hasta tal punto, que cuando Merkel duda a qué hora quedó, llama al amigo americano para que la CIA le envíe la copia de su agenda. No te digo el ahorro en backups que tienen los gobiernos europeos. Y eso no se valora lo suficiente. Menudo coste en discos duros tiene Estados Unidos para almacenar toda la información de sus aliados. Que si mails, que si teléfonos, que si chats… Se lo digo y lo repito. Todo ese esfuerzo por ayudar a los europeos no se valora lo suficiente. ¡Anda! Un virus ha formateado el disco y perdí los acuerdos secretos de comercio con tal país, el teléfono de aquel subsecretaria/o tan maja/o los datos sobre nuestra inteligencia en el extranjero. No problem, que para eso sabemos ingles. Llamas a Langley (Virginia) que te envíen una copia. Primero dirán que no saben de que les hablas, pero cuando emplees la táctica Gila seguro que ceden: Vamos hombre, que se escacharizó el pirulo este que hace ruido y no podemos sacar nada de nada. O lo arreglamos o volvemos al latín, y ya saben por lo del Vaticano, que no se aclaran en cuál de los cinco modelos declina y se puede liar una muy gorda. En dos días te dejan un paquete sin remite en la puerta del Ministerio y arreglado. Con suerte, igual hasta te dejan gratis un excelente antivirus. Los antivirus son como el tequila. Sabes que es muy bueno cuando lleva un gusano dentro. Eso me dijeron mis aliados y yo así me lo tomo.

Un ministro bien informado, Urmas Paet, de Estonia, le cuenta a Ashton: “Una llamada filtrada de Ashton sugiere que los francotiradores de Kiev obedecían a la oposición” (RTVE). La historia relata que el actual primer ministro de Ucrania (Arseni Yatseniuk, candidato de Estados Unidos, que se impuso al candidato de la Unión Europea Vitali Klitschkó, para expulsar al Presidente preferido de Rusia, Yanukóvich), accedió al poder en una situación al parecer provocada para generar violencia, tensar y evitar acuerdos. Se contrataron francotiradores mercenarios que asesinaban policías y opositores por igual. Al parecer la anterior oposición, ahora en el Gobierno, no tiene interés en averiguar la verdad. Parece que la Unión Europea tampoco quiere saber qué canalla dio la orden de acuñar héroes y heroínas. Mientras tanto, la Unión Europea inicia sanciones contra Rusia. Lo cierto es que ya no se sabe a ciencia cierta dónde está la espada y dónde la pared. También puede ser que la Unión Europea se encuentre entre la pared y la pared y termine siendo el relleno del emparedado. Si esta es la verdadera imagen de la realidad, Ashton y la política exterior de la Unión Europea es sin duda, el pepinillo.

Escuchaba a un analista explicando que los conflictos ahora son una cuestión de deudas públicas, inversiones y recursos energéticos. Los países están tan comprometidos económicamente unos con otros, que las violencias quedan amortiguadas por intereses superiores: ninguna élite va a una guerra para perder dinero. En el fondo está, ya se sabe, el viejo Hegel. Grecia y las hipotecas fueron el último ejemplo. El acreedor depende del deudor tanto, o quizás más, que el deudor depende del acreedor. Entre otras cosas, el acreedor tiene más que perder. Pero ese equilibrio no está tan claro. Gayo Salustio, en la Conjuración de Catilina, cuenta como tras la batalla se alzaban los llantos y las risas simultáneamente: los que gritaban y lloraban reconocían entre los muertos a sus amigos y familiares. Los que reían, se habían tropezado con un acreedor muerto. Muerto el acreedor saldada la deuda. Cuanto más debían, más fuerte celebraban. Lo que podríamos llamar ahora, todo un reseteo de las finanzas personales.

En el 2011, Pew efectuó una encuesta en Rusia, para diagnosticar el cambio social veinte años después. Las conclusiones eran muy claras: una opinión pública que desea volver a ser una potencia internacional, la expectativa de un líder fuerte que solucione el caos social y la debilidad económica. De los datos se deducía una idea muy clara: el retorno de un ultranacionalismo ruso. Y eso es una novedad interesante y peligrosa en esta nueva guerra fría. No es el viejo enfrentamiento entre capitalismo y comunismo. Son dos nuevos ismos los que ahora se enfrentan en primera fila: el orgullo nacional norteamericano y el orgullo nacional ruso. La identidad es mucho más explosiva que ideología económica dominante. No lo olvidemos: por ahora, Rusia ya no es comunista.

ENVERGADURA


Ahora que tengo su atención subliminal, gracias a las trampas del lenguaje, permítanme que haga algunas preguntas. Empezando dónde Víctor Jara lo dejó. Las preguntas son lo importante. Mucho menos las respuestas. Hay, incluso, preguntas que no necesitan respuesta. Pongamos, por ejemplo ¿Pero tú qué te crees? O ¿De qué vas? Su existencia y lo que cuestiona vale más que cien mil respuestas. Más allá de lo cotidiano, esto lo sabe cualquiera con vocación científica. Es la formulación de la pregunta lo que te permite encontrar soluciones. Llegando incluso a descubrir nuevos mundos. Las preguntas son las llaves. Más aún en política. Las preguntas son llaves para abrir o para cerrar la inteligencia. ¿Qué pesa más, las 400 preguntas del juez Castro o las respuestas sin contestación de la imputada, la Agencia Tributaria o el fiscal? “Eso me pregunto yo”. Dice el fiscal, después de formular una respuesta en forma de pregunta. De esas preguntas que te puedes “ahorrach”. Y cierra el caso, así de esa manera, con multa y mal trago. Vamos, como Santiago cerró España.

Les he preguntado a mis estudiantes ¿qué pesa más “una tonelada de paja o una tonelada de plomo”?. Algunos se fijan en la cantidad y dicen, la pregunta está mal formulada y ofrece respuestas limitadas. Pesan igual, una tonelada. Otros se fijan en la cualidad y aún, como niños de 8 años, responden: el plomo. Después he preguntado ¿qué pesa más “una tonelada de ciudadanos o una tonelada de infantas de España”?. Aquí la unanimidad fue total: pesa más una tonelada de infantas. Donde va a parar. Se fijaron en la cualidad, que se mide con otros pesos. Serán buenos sociólogos: la ciencia es tanto el número como el numerito. Cantidad y calidad, lo dijo Max Weber, las dos medidas de la sociedad.

Gallardón, ministro que defiende “su justicia” (“ha dicho su verdad” decía hábil Roca tras la declaración de la ínclita), convierte el choque de un espermatozoide con un óvulo en principio fundamental de su movimiento de liberación contra las mujeres no madres. Un ministro que pone tasas, aranceles y portazgos a la justicia, y dice que nadie debe forzar a un diputado a votar contra su libre conciencia (escraches), para después meter todas las conciencias de los diputados del PP en el puño de hierro del partido, y jugar al vota que apoyas, que después yo ya si luego vemos como lo cambiaremos. La justicia interpretada desde el juego político, la justicia limitada por los poderes económicos, la justicia recortada al territorio nacional… En España, querido James Joyce, la Justicia es un principio fundamental que se diluye hasta hacerse casi impalpable por prescripciones, amnistías o invalidación de pruebas. Ya sobre eso, todo lo demás.

Por último, las preguntas del poder. Las que hacen que lo mires al revés. Una periodista de un periódico me pregunta por el “desafecto de la política” y la “desconfianza hacia los políticos” de los ciudadanos españoles. Parece que eso lo explica todo. Pone el foco y el centro en unos ciudadanos desafectos y desconfiados. Por las razones que sea, pero la sociedad, como que no está a la altura. Mala gente. Seguro que me gané su amistad cuando le dije que preguntaba desde y para el discurso del poder. Que las preguntas interesantes son las contrarias. Lo que tenemos que explicar, y los que deben responder, son los políticos españoles. El desafecto principal (como detonante de la crisis social) ha sido de los políticos y las instituciones respecto a los ciudadanos e incluso hacia lo que ellos mismos representan. No al revés. En algún momento los políticos reemplazaron la política (servicio al bien común y los ciudadanos) por el politiqueo. Un mundo cerrado, de partidos autorreferentes, dónde el objetivo es sobrevivir dentro y ganar fuera. La lógica imperante es la lógica de las organizaciones formales (Robert Michels). El día 12 de febrero, con el voto secreto lo dijeron a voces. Las reglas que se han dado para funcionar, y sus objetivos, producen una dinámica propia viciada que los aleja de sus objetivos. Genera discursos vacios, busca votantes fanáticos y aliados estratégicos en la economía y en los otros poderes del Estado. Primer error, el desafecto es de los políticos respecto a la política. No es desafecto ciudadano. Al desafecto de los políticos le sigue, como consecuencia, la alienación de los ciudadanos. "Le llaman democracia y no lo es" no es una frase de ciudadanos desafectos. El afecto a la democracia es evidente. La alienación (“no nos representan”, “mi voz no cuenta”, “van a lo suyo”...) es la respuesta ciudadana (alienación) al desafecto de los políticos respecto a lo que deberían ser y hacer.

Otro ejemplo, "la desconfianza de los ciudadanos” respecto a los políticos. Va a ser que tampoco. Es, lamentablemente, al revés. Las instituciones y los políticos siempre han desconfiado de los españoles: sistema electoral que "corrige" el posible pluripartidismo, cortapisas a la participación ciudadana (incluidas iniciativas legislativas, normativa contra las protestas que esquiva al poder judicial…) y tantos otros procedimientos y mecanismos para proteger la democracia (“su democracia”, resultado del funcionamiento de sus organizaciones políticas). Ya desde la transición, los políticos percibían a los ciudadanos como amenazas a la estabilidad institucional. El discurso “lustrado”, los españoles no tenían cultura democrática, su cultura política era débil e incluso autoritaria. Los ciudadanos reclamaban justicia frente al franquismo, pero el modelo de transición española, de traga y sigue (que la sociedad se trague el pasado para que tengamos futuro) se impuso contra los ciudadanos. Desde entonces los políticos españoles desconfían de ellos. Y es esa desconfianza de los políticos hacia los ciudadanos la que hace que piensen (lo llevan en su ADN político) que la democracia deba ser protegida contra los españoles (a veces incluso detrás de muchas vallas o por la policía).

Las palabras, ¡Ay! las palabras. Enviamos a Europa una candidatura poderosa, los mejores… La importancia se demuestra en que se envía al número dos, para que vaya de uno… Palabras, palabras, palabras. Hacienda, por ser quien soy, me mira con lupa… que bien traído. Palabras, palabras, palabras… ese engrudo pegajoso, que decía Julio Cortázar. Útil para recomponer la realidad. Para darle forma e identidad. Para enjaular el pensamiento. Ahí Cortázar y Wittgenstein estaban de acuerdo. ¿Qué cosas, no?